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TRASTORNO DE DÉFICIT DE ATENCIÓN
(con o sin hiperactividad)

¿Qué es el TDA?
El Trastorno de Déficit de Atención (o TDA) es un trastorno cuya característica principal es la corta duración de los periodos de atención. Es decir, el niño con TDA tendrá grandes problemas para mantener la atención durante el tiempo normal para su edad, o directamente, no será capaz de hacerlo. Entre otras manifestaciones, son niños que cambian de juego constantemente, no finalizan las tareas que han empezado, no prestan atención a los detalles, da la impresión de que no escuchan cuando se les habla, se olvidan de hacer cosas aunque se lo recuerden a menudo, es muy difícil que mantengan la atención en los deberes y otras tareas...

A veces el TDA se acompaña de Hiperactividad (hablaremos entonces de TDAH), que definiremos como una actividad psicomotora exagerada. Por ejemplo, veremos que el niño no es capaz de estar sentado ni por poco tiempo, se muestra inquieto, que tiene una actividad física mucho mayor que la del resto de niños de su edad, o que padres y maestros comentarán que el niño “no para quieto”.

¿Qué causa el TDA/TDAH?
Aunque las causas no están claras al 100%, todos los estudios coinciden en que la base del trastorno es biológica y que tiene una importante carga genética: en gemelos idénticos, la probabilidad de que si uno de los dos sufre TDA el otro también lo sufra es de un 80-90%.

Todo parece indicar que el déficit principal se encuentra en el lóbulo frontal, la parte del cerebro que se encarga de inhibir las respuestas y por tanto controlar la impulsividad, muy relacionada con la atención. Al estar el lóbulo frontal alterado, este control no se realiza adecuadamente y aparecen los problemas de distractibilidad y, a veces, de hiperactividad. En concreto, vemos que hay una alteración en la distribución normal de neurotransmisores en el cerebro, y que en el frontal hay una carencia de éstos. Por eso, la terapia farmacológica que se indica en algunos casos es, paradójicamente, a base de psicoestimulantes: estos medicamentos provocan la liberación de neurotransmisores, que ayudaran al lóbulo frontal a desempeñar correctamente su tarea de inhibir las respuestas inadecuadas y, por tanto, a que el niño se pueda controlar (por ejemplo que pueda leer un texto en silencio o ser capaz de no interrumpir cuando le hablen).

Como ya hemos comentado, los síntomas del TDA son la distractibilidad, la dificultad para concentrarse, la impulsividad (el niño tiene tendencia a actuar antes de pensar) y, a veces, va acompañado de hiperactividad. Para hablar de TDA, estos síntomas se deben presentar de manera continuada en el tiempo, hasta un grado perjudicial y con una frecuencia mucho más alta que la que corresponde a la edad y al nivel madurativo del niño.

¿Qué puede comportar el TDA /TDAH?
En primer lugar, en niños con TDA sin diagnosticar ni tratar, encontraremos altos índices de fracaso escolar: Para empezar, será fácil que no se apunten los deberes en la agenda (porque no estaban prestando atención al maestro cuando los anunciaba o porque después se hayan distraído con otra cosa y “se les ha pasado” apuntarlos), o que incluso si los han hecho los olviden en casa. Además se observan muchos problemas en matemáticas y lectoescritura, al ser las tareas que requieren más capacidad de concentración.

Por otro lado, buena parte de los niños con TDA tienen algún tipo de problema de adaptación social con sus compañeros de clase. Este problema puede darse, por ejemplo, porque sus compañeros les inviten a participar en un juego y ellos lo abandonen antes de que acabe, produciendo al cabo del tiempo su rechazo. Éste puede venir motivado también por el temperamento impulsivo que acompaña a menudo al TDA.

Finalmente, veremos cómo estos problemas afectan al niño, que siente que es el culpable de su fracaso escolar pero no es capaz de contenerse, produciéndole una importante frustración. Seguramente es reñido por sus profesores a causa de sus olvidos o su bajo rendimiento, lo que le produce nerviosismo y ansiedad, y al cabo del tiempo sentimientos de desvalorización.

¿Cómo se detecta?
En general se diagnostica antes a los niños con TDA que además presentan hiperactividad, ya que los síntomas son más llamativos y se suele tardar menos en buscar la opinión de un profesional. Si no hay hiperactividad o ésta no es muy acusada, el TDA puede pasar desapercibido los primeros años de escuela, hasta que las exigencias académicas crecen y los niños empiecen a destacarse como alumnos desorganizados, excesivamente distraídos, etc.
En caso de duda sobre la existencia del trastorno es muy importante acudir a un psicólogo educativo o psicopedagogo para diagnosticar el TDA o para descartarlo. Así, en caso de que se confirme que sufre el trastorno, se podrá empezar a tratar antes de que el niño empiece a retrasarse en el ámbito escolar, y si ya lo ha hecho, corregir este retraso lo antes posible.

En el Centro Psicopedagógico Traç el diagnóstico se realiza mediante diversas pruebas y tests que evaluan las capacidades del niño, su atención, su memoria, y sus procesos cognitivos en general, permitiendo detectar si el niño sufre TDA u otro trastorno del aprendizaje.

¿Cómo se trata?
El tratamiento para el TDA tiene dos vertientes: la farmacológica y la psicopedagógica.
La farmacológica es muy útil en algunos casos, ya que tiene la capacidad de reducir los síntomas, pero en otros no es necesaria o no está indicada. La ayuda psicopedagógica, en cambio, es básica para que el niño pueda hacer frente a las tareas que presentan mayor dificultad para él, tener un rendimiento escolar adecuado, y una buena integración tanto en el ámbito académico como en el extra-académico.

En el Centro Psicopedagógico Traç trabajamos con un material específico para niños y adolescentes con TDA, reforzando sus habilidades y trabajando para que desarrollen completamente su potencial, evitando el fracaso escolar y así, el riesgo de que este trastorno les provoque problemas de autoestima y/o de relación con sus iguales. Asimismo se lleva a cabo un seguimiento del niño, generalmente con la colaboración de sus padres y profesores, para tener siempre información de sus progresos y dificultades tanto en el ámbito escolar como en el familiar.

Anaïs Pàmies
Psicóloga y Educadora del Centre Psicopedagògic Traç

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