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TRASTORNO DEL APRENDIZAJE NO-VERBAL

El Trastorno del Aprendizaje No Verbal (TANV) es el menos conocido de los trastornos del aprendizaje. En los círculos científicos y académicos se debate actualmente si se trata de un síndrome con entidad propia o si sus características no son más que un grado menor o mayor de otros trastornos del aprendizaje. Polémicas a un lado, los niños con dichas características presentan unos déficits concretos que afectan tanto a su rendimiento escolar como a su desarrollo emocional, lo cual justifica la necesidad de un diagnóstico y una intervención lo más precoces posible, con el objetivo de mejorar su aprendizaje y, en un último fin, su calidad de vida.

Rourke (1988), a partir de su modelo etiológico, definió el TANV como la consecuencia de una lesión, un desarrollo inadecuado o una disfunción de la sustancia blanca del hemisferio derecho del cerebro y de las fibras que conectan ambos hemisferios. Así pues, el TANV presenta ante todo déficits en las áreas cognitivas dependientes del hemisferio derecho, a saber, la percepción visuoespacial, la motricidad básica (mantenimiento del gesto y la postura), el procesamiento de estímulos no verbales, el procesamiento holístico y la síntesis de información, el razonamiento matemático, la pragmática del lenguaje y la percepción de emociones.

En síntesis, el TANV afecta a cinco áreas clave, resumidas en la tabla siguiente, que recoge también ejemplos concretos de los diferentes déficits:

1. La integración visuoespacial
Muestran dificultad para reconocer las caras, tienen poca memoria visual y muestran una gran atención para los pequeños detalles, obviando la imagen global; en el plano académico, presentan dificultades en el reconocimiento de las letras y los números, la resolución de problemas y el cálculo, puesto que estas tareas tienen un alto componente visuoespacial.

2. La coordinación motora
Los niños con TANV suelen presentar un retraso en el inicio de la marcha y en la adquisición de las habilidades motoras. Se les considera niños “torpes” y poco coordinados, con muchas dificultades en la psicomotricidad fina (como puede ser el hecho de coger el lápiz o atarse los zapatos), lo cual repercute también en su caligrafía y en las actividades plásticas y manuales.

3. Las funciones ejecutivas y las habilidades organizativas
Estas funciones remiten a la capacidad de trabajar con informaciones y situaciones nuevas y/o complejas. Los déficits en esta área suelen hacerse más visibles durante la educación secundaria, cuando se presupone que el niño debe adquirir las capacidad de generar hipótesis, hacer inferencias a partir de la información dada, planificar procesos y secuencias y generalizar soluciones. Aun así, durante la Primaria se observan algunos indicios, como los déficits en la comprensión lectora, en la interpretación de relaciones causa-efecto y en la concepción de la noción de tiempo.

4. La competencia social
Presentan dificultades en el uso y la comprensión de la comunicación no verbal (por ejemplo, las expresiones faciales) y de los aspectos pragmáticos del lenguaje (los dobles sentidos, las ironías, las variaciones de tono, etc.) y ello conlleva una dificultad para mantener conversaciones y problemas en las relaciones sociales: son niños que quieren jugar pero no saben cómo interactuar o tienen pocas estrategias para hacerlo y se suelen sentir “fuera de lugar” entre iguales, que los excluyen por sus pobres habilidades sociales.

5. El funcionamiento emocional
Las dificultades en la comprensión de las emociones (tanto las suyas como las de los demás) unidas a la rigidez de pensamiento (“o blanco o negro”) y a las dificultades académicas y sociales descritas suelen conducir a problemas emocionales de tipo internalizante, como ansiedad, aislamiento, baja autoestima y depresión. En algunos casos aparecen problemas de conducta (rabietas, etc.). Por otro lado, los déficits característicos del TANV convierten al niño en una potencial víctima de bullying, por el alto riesgo de exclusión entre iguales que conllevan.

DIAGNÓSTICO E INTERVENCIÓN

El diagnóstico del TANV se realiza con una serie de pruebas que ponen de manifiesto tanto los déficits como las aptitudes del niño (no debemos olvidar que el hemisferio izquierdo está perfectamente preservado y que el niño con TANV suele presentar una buena memoria auditiva, una buena lectura mecánica y un amplio vocabulario). Las pruebas diagnósticas cubren las áreas de inteligencia general, funciones visuoespaciales y perceptivas, memoria verbal y visual, funciones instrumentales (lenguaje espontáneo, lectura, comprensión verbal y lectora, escritura y cálculo) y funciones ejecutivas (organización y planificación). La importancia del diagnóstico diferencial también es relevante, puesto que los síntomas del TANV pueden solaparse con los del Síndrome de Asperger y otros trastornos del aprendizaje en ciertas áreas.

Es necesario destacar la importancia de un diagnóstico precoz. A diferencia de otros trastornos cuyos déficits en el área verbal se detectan rápidamente en el ámbito escolar, el TANV pasa más desapercibido durante los primeros años escolares. Un buen diagnóstico a tiempo ayuda a planificar las intervenciones educativas y emocionales necesarias para ayudar al niño con TANV a maximizar sus capacidades y suplir sus carencias, mejorando con ello su pronóstico.

La intervención psicopedagógica del TANV se lleva a cabo con dos objetivos clave: estimular al máximo los puntos débiles y, a su vez, enseñar al niño estrategias basadas en sus habilidades para compensar sus déficits. En nuestro Centro Psicopedagógico planificamos la reeducación en base a la edad del niño y de sus características individuales, aunque seguimos unos principios generales basados en sus habilidades: uso de instrucciones verbales, procesos secuenciales y rutinas, y variedad de ejemplos concretos. Los niños con TANV presentan un ritmo más lento de aprendizaje (hay que recordar que procesan la información de forma diferente), pero son trabajadores, tenaces y detallistas, con lo cual, enseñándoles las estrategias adecuadas, pueden alcanzar un óptimo nivel de aprendizaje y autonomía.

Mª del Mar Martínez Pineda
Psicóloga y Educadora del Centre Psicopedagògic Traç

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