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ESTABLECER LÍMITES ADECUADOS A LOS NIÑOS
En la sociedad actual, no es cuestionable la necesidad de establecer normas que den seguridad a los niños y niñas, que les permitan anticipar lo que ocurrirá en un futuro, de manera que les ayude a descifrar las acciones e intenciones de las personas que se encuentran a su alrededor.
El hecho de ejercer la autoridad e imponer límites es algo fundamental, puesto que, por un lado, los niños necesitan un referente seguro y por otro, la persona adulta es quién debe proteger su seguridad física y estimular su desarrollo. Pero no debemos confundir el poner límites con las prohibiciones y obligaciones exageradas, éstas hacen que los niños no puedan ejercer su propia libertad y que la adquisición de unos hábitos o el cumplimiento de unas normas, se conviertan tan solo en órdenes que es necesario obedecer, sin ninguna finalidad.

Por lo tanto, podríamos definir el “poner límites” como “guiar el camino, no prohibir ni obstaculizar, se trata de preparar a los niños para situaciones de la vida cotidiana a través de la tolerancia a la frustración”. En consecuencia, poner límites es importante con el fin de favorecer el crecimiento de los niños y su inserción social.

¿Por qué los niños necesitan límites?
El niño necesita la experiencia de las limitaciones que el ambiente le impone para adaptarse a las normas de la sociedad. Los padres son la figura de referencia que necesitan para que les enseñen lo que está bien y mal, para que entiendan que no está todo permitido.
Cuando el niño es mimado de forma constante, lo más probable es que siempre intente salirse con la suya como ha hecho a lo largo de los años, siendo emocionalmente inmaduro. No saben lo que es un no por respuesta, y tampoco lo toleran. Acaban queriendo estar siempre en el centro ocupándose de sus propias necesidades, volviéndose personas egoístas y exigentes. Por lo que si un niño carece de apoyo y de discusiones enriquecedoras, pronto se sentirá agobiado.
Si los niños no pasan por la experiencia de los límites, es muy frecuente que aparezcan luego aquellos problemas de comportamiento tan temidos los padres. Por lo que se deben tener en cuenta las siguientes premisas:

  • Todo niño desea tener unos padres que saben qué hacer y lo que puede ser permitido, sabiendo transmitir esa seguridad.
  • Todo niño desea tener padres predecibles y dignos de confianza, que también se toman en serio las normas acordadas.

¿Por qué es tan difícil imponer límites a los niños?
Los padres de hoy en día tienen miedo de imponer demasiadas prohibiciones y castigos. No desean dominar a sus hijos, son más tolerantes, más liberales y amistosos que los padres de antaño. Pero a la vez les cuesta desarrollar un concepto de educación propio. Desde que la vida en familia ha perdido la importancia de las tradiciones, la inseguridad es mucho mayor.
La paciencia de los padres suele tener un límite y acaban explotando, por lo que una vez el conflicto ha pasado todo vuelve a la normalidad. Sin embargo los niños se dan cuenta de la inseguridad de los padres y de este modo se produce el cuestionamiento continuado de las reglas y los límites.
Por otro lado, otras razones comunes son las siguientes:

  • No saber decir que no.
  • Desear actuar de forma diferente a los propios padres.
  • Mantenerse al margen de la educación de los hijos.
  • Mimarlos excesivamente y ser complacientes para compensar el poco tiempo que podemos dedicarles.

Debido a la importancia de establecer límites firmes y seguros, a continuación se nombran algunos consejos:

  1. Centrar el mensaje en la conducta.

El objetivo es rechazar la conducta inaceptable, no al niño que tiene esa conducta. Por lo que se debe centrar la atención en la conducta del niño, no en sus sentimientos o su valía. A modo de ejemplo, es conveniente decir al niño: “No me interrumpas cuando hablo con otra persona” en lugar de “compórtate como una persona mayor”.

  1. Ser directivo y concreto.

El mensaje que llega a tener éxito, es aquél que informa a los hijos directa y específicamente de lo que se desea que hagan, siendo lo más concretos posibles para evitar malas interpretaciones.

  1. Emplear un tono de voz adecuado.

El tono de voz es muy importante. Hablar con calma, dar las órdenes en un tono de voz normal puede dar más firmeza que un grito, que solo significa que se ha perdido el control. Lo que se pretende es comunicar que se tiene el mando y que es firme y decidido en su expectativa de que su hijo debe hacer lo que se le ha pedido. No debemos olvidar que los límites firmes no se establecen de forma violenta, no hay necesidad de chillar.

  1. Especificar las consecuencias en el caso que sea necesario.

Es posible que sea necesario especificar las consecuencias si los hijos no obedecen a la petición. Hay que tener en cuenta que no es una amenaza, simplemente se muestra la credibilidad y se proporciona al niño la información que pueden necesitar para llevar a cabo su elección.

  1. Actuar en consecuencia.

Ser consecuente suele ser una tarea difícil para los padres pero hemos de tener en cuenta que las palabras son tan solo una parte del mensaje global. Es posible que sea todo lo que se necesite, pero incluso el mensaje verbal más claro es ineficaz si no lo respalda con una actuación. Cuando un niño sabe que siempre sus padres actúan como han acordado, tendrá en cuenta la norma y la respetará.

Por último, es importante destacar que las normas se deben adaptar a las diferentes necesidades, características y momentos del desarrollo de los niños. Se debe tener presente que cualquier norma implica unas obligaciones que se han de cumplir y unos derechos que se han de respetar y que afectan tanto a las personas adultas como a los niños. Para alejarnos del autoritarismo temido y no caer en la excesiva permisividad, debemos ser capaces de aceptar las propias limitaciones, entender que es posible que nos equivoquemos en determinadas decisiones, y brindarnos la posibilidad de educar a un niño, mostrándole los límites, como una cuestión de aprendizaje.
Se deben abordar los límites como una construcción compartida, basada en la confianza, que proporciona seguridad y protección a los niños, quiénes podrán contar con un adulto que sea capaz de guiar sus acciones ayudándoles a resolver conflictos de la mejor manera posible.

Teniendo en cuenta la importancia de lo dicho anteriormente, uno de los objetivos de nuestro Centro es enseñar a los padres que tengan problemas para imponer límites a sus hijos, estrategias de comunicación y de resolución de conflictos para mejorar las relaciones padres-hijos en la edad infantil. Centrándonos en la estimulación y la construcción positiva de las relaciones familiares.

Marta Sánchez Santacreu
Psicóloga y Educadora del Centre Psicopedagògic Traç

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